Padre, naranja, linterna

Una noche, mi padre fue Copérnico. Hacia Pinamar en la última fila de asientos del Antón de las nueve de la noche, y con una naranja y una linterna, mi padre nos explicó a mis hermanos y a mí que damos vueltas alrededor del sol.

La naranja se veía muy naranja iluminada en la oscuridad por el sol en la mano de mi padre y el bondi hacía ruido 1982 y tenía el olor húmedo que tenían los lugares cuando lo políticamente incorrecto era no fumar.

Hacia Olmos, mihermanodosañosmáschico y yo ya habíamos entendido la rotación y el giro y la luna. A mi mucho no me sorprendió eso, sino el cuento que mi padre nos hizo sobre un colega del hombre que había usado la linterna y la naranja por primera vez. –Pero se mueve- y una reverencia apretando los dientes porque ustedes se joden por ignorantes y poderosos. Esa noche, supe lo que iba a escuchar de un filosofo entretenido y frágil es un aula aburrida y robusta más de veinte años después: las tierras planas son provisorias, sabemos por un ratito, uno que está in the shitter por listo se va a ganar la tapa del libro en el que vamos a ser los burros.

Me gustaría decir que a los siete quise ser epistemólogo, pero a los siete quise ser cínico.

Cínico para desconfiar de lo que se sabe, de lo que creemos verdad, de las certezas que aseguran la vida. Debo haberme dedicado, porque ahora llevo el cinismo como una armadura de kevlar, liviana y dura, que muestro todo el tiempo de manera bastante idiota.

Creer que en la base de las cosas hay una mentira es de lo más útil, tiene el vértigo placentero de la paranoia, te permite creerte vivo, te ayuda a ser el preferido de Shafte the Boss los jueves en La Biela.

Me cuento con la armadura puesta, una armadura mejor cada año, desde hace bastante tiempo. Y puesto al hombre que desconfía, creo que desconfío de manera profesional y eficiente.

Y hoy, a las siete quince am, con el hambre que dan las horas de insomnio, me doy cuenta que la armadura ya no es de quita y pon. Solo en una casa cálida que todavía no es mía, pienso en una casa que dejé y que la historia de Luz fue lo única certeza durante años y que ahora no creo en certezas y en para siempre y estoy del otro lado del último hilo de agua que antecede a no creer en nada.

7 Responses to “Padre, naranja, linterna”

  1. filo Says:

    Docampo los cuentos de su padre lo dotaron de esa maravillosa cajita de herramientas que son sus pensamientos, nada mas perdurable en el tiempo, ni mas tibio que ese recuerdo. Cajita que saca a relucir y que lo dotan a Ud de su armadura de caballero andante con corazón de chocolate, cajita de certezas, de textos tan luminosos como éste. Besos amigo!

  2. vanina Says:

    Es sólo hasta que te des cuenta que la verdad no es lo más importante, que más valen las interpretaciones e intenciones que construimos sobre ellas, la verdad se esconde canalla, SIEMPRE. En cambio nuestra percepción de esa verdad es tan real y palpable como nosotros mismos. No es que nosotros mismos seamos mucho… pero es lo que hay.

  3. Habitaras mi ocaso Says:

    Me tomo una licencia temporal y comento sobre la entrada “I wish I were Pizarnik”. Es un buen deseo para pedir en mi próximo cumpleaños, ý además sería amiga de Cortázar.

    Besos

  4. bonito lunch Says:

    lindo relato y lindo afiche.

  5. la condesa sangrienta Says:

    Le creo.

  6. Charlotte Says:

    Sí, todo lindo.
    Ahora, decíme Feliz cumpleaños, perro.

  7. docampo Says:

    gracias filo, un bess.

    gran verdad, vanina, lo que hay.

    habitaras… tomate las licencias que te parezca bien. beso.

    Gracias, BL, recomedame el mejor disco de Zappa para ignorantes.

    Hola Condesa, como va eso?

    You demanding you.

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